Palestina Lliure
Historia 5 de Roo 7 3
Profesional anònimo/a de salud mental en Gaza

Un invierno de papel:
Tengo un hijo de 11 años. Es mi hijo mayor. Me quiere mucho y lo único que desea en la vida es ser como yo. Alborotador y divertido, ¡como yo! Incluso imita mi estilo humorístico y observa cómo hago reír a su madre. Poco a poco, veo cómo se convierte en un mini-yo. Le encanta hacer reír a su madre incluso en situaciones tontas. Su felicidad llega al máximo cuando hace reír a su madre, porque se siente el dueño del mundo.
Uno de los momentos más felices de mi hijo es cuando le reto a jugar al fútbol con la PlayStation en la tienda de videojuegos de al lado. Ahí empieza a tomarme el pelo y me dice: "tú juegas mejor que yo porque eres mayor, pero llegará un día en que te ganaré como te ganan mis tíos maternos, porque ellos juegan mejor que tú jajaja..." Empiezo a correr detrás de él haciéndome el enfadado, mientras se esconde en el regazo de su madre. Ella me mira y me dice: "tu juego es flojo comparado con el de mis hermanos jajaja...".
El primer viernes de esta vil ofensiva, me estaba lavando para la oración cuando mi hijo entró corriendo por la puerta y dijo:" ¡¡¡Papá, papá, el cielo está lloviendo papeles!!!". Inmediatamente me di cuenta de que el ocupante planeaba una atrocidad como de costumbre.
Váyanse al sur de la Franja porque es el lugar seguro. Tenéis 24 horas. Si no os vais, os consideraremos terroristas'.
¿Qué tontería es esta?
¿Qué lógica utilizan?
Bajé a la calle y me encontré a mi vecindario evacuando. Suerte tuvo el que tiene coche. Pudo coger a su familia y se fue al sur, supuestamente seguro. Yo no. No tengo coche. Incluso si tuviera un coche, ¿cómo me muevo cuando soy responsable de 19 personas de mi familia, mi padre, mi hermana y las familias de mis hermanos que viven todos en el mismo edificio?
Es la decisión más difícil que tomaré jamás. En ella se juega no sólo mi futuro, sino también el de todas las personas a mi cargo. Puede que nunca volvamos a nuestro hogar, puede que muramos en el camino, puede que realmente encontremos seguridad. No lo sabemos.
Dios mío, ¿qué hago?
Miro a los niños, a mi padre y a mi familia y veo que todos se preguntan qué hacemos.
Me siento impotente. Por primera vez en mi vida pierdo así el control. Mis pensamientos se congelan como si me convirtiera en un objeto. De repente les dije a todos que cogieran toda el agua que pudieran, que vaciaran sus mochilas escolares y las llenaran con algo de ropa, agua y comida para que pudiéramos empezar a dirigirnos hacia el sur.
Mi mujer: "¿Dejamos nuestra casa que construimos con sangre y sudor, ladrillo a ladrillo?".
Y entonces empezó a mirar cada detalle, cada habitación y cada parte de la casa. Yo no podía decir nada porque sentía exactamente lo mismo. En ese momento, aquel niño travieso, que siempre quiso ser como su padre, dijo: "Mamá, vámonos y si no podemos continuar, volvemos a casa. Y si morimos, iremos al cielo. ¿No nos dices siempre que cuando morimos vamos al cielo y nos libramos del terror?".
Le miramos como si Dios nos hubiera hablado a través de él para facilitarnos el menor de los males.
¿Me siento orgulloso de que este niño se haya convertido realmente en el hijo de su padre o lloro porque haya crecido tan pronto como para aceptar la muerte a los once años? No lo sabía. Pero sí agradecí a Dios que fuera mi hijo, la niña de mis ojos.
Por fin conseguimos salir de la casa; la vista delante de nosotros llena de cristales y destrucción, y la vista detrás de nosotros de nuestra casa que puede que estuviéramos viendo por última vez. El plan era dirigirnos al hospital y desde allí buscar coches que nos llevaran al sur, supuestamente seguro.
Roo7 - Profesional anónimo de la salud mental en Gaza, Palestina (por miedo a ser atacado)
27 de octubre 2023